domingo, 22 de noviembre de 2015

Tarde de fútbol en La Condomina

''¿Con quién vamos?'', preguntaba un aficionado al fútbol sudamericano de San Pedro del Pinatar mientras se acomodaba en La Condomina. Su expresión reflejaba una resignación esperada cuando la respuesta era ''con el Real Murcia''. El admirador de la U de Chile de Sampaoli se declaraba fiel seguidor del UCAM en las dos últimos temporadas. Sus primeros compañeros de asiento no descubrieron el por qué del cambio tras haber seguido al Real Murcia; su suegro le reclamaba a su lado para ver el partido. El encuentro aún no había comenzado, pero por la tribuna ya desfilaban los jerseys de lana, las camisas protegidas por abrigos y, sobre todo, las camisetas granas del Murcia. En un domingo otoñal infinitas camisetas granas del Murcia habían anunciado el evento desde el mediodía citándose en las plazas de la capital, se habían adueñado de la entrada al estadio desde más de dos horas antes y habían acabado tiñendo los fondos y el lateral habilitado para los espectadores. 

Ya con el juego en marcha, uno de los protagonistas en la previa, Alejandro Chavero, parecía poseído por sus palabras durante la semana: "¿Ellos celebrarán un gol si marcan aunque sean amigos míos? Pues yo lo mismo". Siempre guiado por su dinamismo, ejercía de box-to-box, dejando a Armando por detrás y uniéndose a los atacantes. Encontró un buen acompañante en Sergio García, pegado a la banda izquierda y siempre vertical, aunque el lateral Pumar no igualó el aporte ofensivo de Hostench en la jornada anterior. En la punta del ataque cuesta no ver a Carlos Álvarez corriendo de un lado para otro cada vez que le diriges la mirada pero no conectó ni un disparo certero. Y por detrás, el talentoso Fran Moreno no gozó de mucho juego interior cerca de la frontal en un encuentro más enfocado a las bandas. Porque también era así cuando el UCAM atacaba, proyectando a su dos laterales y haciendo temblar a los centrales y el fondo atestado de hinchas del Real con cada centro lateral. La primera mitad tuvo una fase para cada uno, y dos zurdas botaron las dos faltas que dibujaron el 1-1 en un marcador reticente a indicar el primero ''visitante''.

''Cambio 'amarrategui''', le repitió hasta tres veces mientras sonreía un aficionado del UCAM a su mujer, seguro de las intenciones del técnico y satisfecho por estarlo. Lo cierto es que Salmerón le dio un giro a su favor con la permuta, frenando a unos pimentoneros que salieron del intermedio envalentonados e impregnados del orgullo del que se siente en casa. Quitó a un extremo y metió a Checa, que se clavó como mediocentro posicional, absorbió todo el juego directo rival, aseguró en cada ayuda en banda y taponó todo el juego ofensivo del Real. A Fall, que había sido el otro integrante de la medular, lo subió un escalón, y para terminar de hacer la de Mancini con Yaya Touré sólo faltó que el senegalés soltara un zapatazo a la red en las jugadas para las que ahora había sido dotado de libertad. Sergio García siguió sabiendo cómo aparecer y alargar ataques, pero el desgaste de los minutos le proveyeron de la imprecisión y la repetición que desencadena la impaciencia sobre los asientos. El santanderiense volvió a colocarla en el suelo para preparársela a su zurda, y Chavero la pilló en pleno vuelo, convencido de que no se le escapaba. Se arrodilló frente al fondo y un grupo de aficionados fueron a los que se vió caer delante de él al superar una valla publicitaria, pero Chavero tenía encima de él a todos los murcianistas. ''¡Ni la he visto! ¡No he visto si entraba!'', clamaba una señora al cómplice que había encontrado delante de ella. Hasta ese momento no había compartido una palabra con él, pero lo sentía como uno de los suyos, que independientemente de que fueran un porcentaje más o menos cercano al 100, esta tarde los tenía más cerca que nunca. El fútbol es un movimiento social. El partido lo construye la gente en la grada. Y los jugadores los perciben a su lado cuando las pueblan, tengan mayor o menor aforo. Frente a su gente, el Real Murcia volvió a ganar en La Condomina.


miércoles, 21 de octubre de 2015

Baja por geopolítica

Cuando nos enteramos de la ausencia de un jugador en un compromiso oficial nos interesa conocer el motivo. Decisión del técnico, ya sea porque no lo considera útil o por rotación, baja por problemas físicos o sanción se perfilan como las causas en la mayoría de casos. Pero ninguno es el motivo de que Mkhitaryan, uno de los jugadores más en forma con la llegada de Thomas Tuchel, no haya subido al avión que transportó al Borussia Dortmund a Bakú para su partido contra el FK Qəbələ. En este caso las razones son mucho más profundas y el determinante ha sido la geopólitica. Exponiendo ya el problema, nos referimos al desacuerdo entre Armenia y Azerbaiyán con la región de Nagorno Karabaj. A continuación haremos un rápido y corto recorrido por su historia. En ningún momento se pretende tratar todos los acontecimientos y puntos de vista significantes hacer un análisis profundo, algo que requeriría mucho más que una entrada en este blog. Intentaremos comprender cómo se alcanzó esta situación que tiene un innegable impacto futbolístico.


Marcaremos como punto de partido el siglo II a.C., cuando se cree que el Alto y el Bajo Karabaj fueron conquistados por Armenia. Saltamos al 428 d.C. Armenia había adoptado el cristianismo, la dinastía arsácida acababa de derrumbarse tras cuatro siglos de reinado y se daba paso al periodo Marzpanate. Armenia quedó dividida por el imperio sasánida -zoroastrismo como religión- y y el bizantino. Artsaj, la actual Nagorno Karabaj, quedó, junto a la Albania caucásica - gran parte de la actual Azerbaiyán, con Qäbälä como primer capital-, bajo la dominación persa del imperio sasánida. Pero en el siglo VII las conquista musulmana de Armenia y el Imperio persa se encuadran en el Califato Ortodoxo, es decir, unas de las primeras tras la muerte de Mahoma. Armenia se reunió y se insauró el Emirato de Armenia. Con otra época que llegó a su fin y la dinastía Bagratuni al mando, el Reino de Artsaj estuvo entre los que consiguió cierta independencia, pero cayó en control bizantino cuando estos se apoderaron de Armenia. Siguiendo invasiones de los imperios mongol y selyúcida -turcos-, en el siglo XVI se efectuó una nueva división de Armenia con los imperios otomano y safávida de por medio. Esta relación desembocaría en disputas que se cerrarían con la Paz de Amasya en 1555, que otorgaba a la armenia oriental otra vez a manos persas, las mismas que poseían las tierras que hoy son Azerbaiyán, desde la dinastía safawi a la kayar con la afsárida de por medio. 

Unos personajes protagonistas de la Edad Media y comienzos de la Edad Moderna que suscitan controversia ente Azerbaiyán y Armenia son los melik. Son príncipes que gobiernan los melikatos -principados-, uno de ellos el de Karabaj, que mantuvieron cierta independencia durante la etapa persa y resistieron a varios intentos de invasión, a veces con el apoyo de los zares Pedro I (1682-1725) o Pablo I (1796-1801). Los armenios afirman que son sus antecesores, pues se trata de un título de la nobleza armenia. Los azeríes aseguran que descienden de Jalalid, el cual no tiene antepasados armenios.

Lo seguro es que en el primer tercio del siglo XIX se libraron las dos guerras ruso-persas en las que e territorio de Artsaj aparecía entre las fuentes de discusión. Las firmas de los tratados de Gulistan (1813) y Turkmenchay (1928) depararon que el imperio ruso se hiciera con el ''kanato de Karabaj'' y Azerbaiyán. ¿Alcanzaría así la zona que nos ocupa una estabilidad? No por mucho tiempo. Expongamos el contexto porque vamos a pegar un brinco de 100 años. El imperio ruso se ha desmoronado con la Primera Guerra Mundial; Armenia, Azerbaiyán y Georgia forman en 1918 la efímera República Democrática Federal de Transcaucasia; y las incipientes repúblicas fundadas en Armenia y Azerbaiyán reclaman la correspondencia de Karabaj, Syunik' y Najicheván. Esto no conduciría a ningún lugar por los sucesos posteriores. Armenia y Azerbaiyán pasarían a integrar la Unión Soviética y se constituyó el Óblast Autónomo de Nagorno Karabaj. Es decir, una entidad con autonomía, pero dentro de la República Socialista Soviética de Azerbaiyán pese a tener una población armenia casi en su totalidad. También se creó el corredor de Lachin para separar a la región de Armenia. Unidas a la decadencia de la Guerra Fría surgieron las manifestaciones de los armenios en Karabaj y en Armenia por la unificación. Derivó en una guerra de 6 años que finalizó con el alto el fuego en 1994.
 
                                                  Oblast Autónomo de Nagorno Karabaj                                              Actual República de Nagorno Karabaj

Actualmente la autoproclamada República de Nagorno Karabaj no es reconocida internacionalmente, únicamente por tres estados de reconocimiento limitado: Abjasia, Osetia del Sur y Transnistria. Formada por la región autónoma de Nagorno Karabaj y la región de Shahumián y poblada en su mayoría por armenios, cuenta con el apoyo de Armenia como lo hizo durante la guerra. Tanto Armenia como Azerbaiyán alegan que una parte importante de sus raíces pertenece a Karabaj. Que elementos culturales que les definen se integran en esta región histórica. Unos defienden que fue habitada por armenios cristianos desde la antigüedad y perteneció a la Armenia histórica. Otros, que el Karabaj montañoso lo poblaban azerbaiyanos musulmanes y albanos cristianos, y reflejan la relación con persas, turcos y rusos, con los que está vinculada históricamente Azerbaiyán.

El conflicto repercute irremediablemente en el fútbol. UEFA y FIFA prefieren reservarse garantizar el reconocimiento de una selección antes de que la comunidad internacional lo haga con el país, como en el destacado caso de Kosovo, y la selección de Nagorno Karabaj tendrá que esperar. El emparejamiento entre los dos países es de los pocos que evita la UEFA en competiciones continentales. Y ahora esta colisión que aún no tiene solución ha salpicado al fútbol de clubes en cuanto sus equipos han alcanzado las fases finales. En principio Azerbaiyán no facilita una visa a ningún armenio, descendiente de armenios o a cualquiera que haya visitado la región de Nagorno Karabaj, quienes podrían ser arrestados y catalogados como persona non grata. Mkhitaryan cumple tanto ser armenio como haber visitado las tierras en disputa. El valor que otorga el gobierno azerí al fútbol y demás deportes puede ocasionar excepciones, y al pedir visas para el expedición, cuestión que la UEFA reconoce como totalmente dependiente del país, no se esperaba ningún problema. Pero, como Hans-Joachim Watzke, director general del BVB, aseguraba, se priorizará la seguridad para no correr el riesgo de una recepción no deseada. Tuchel se lo puede permitir: es líder de grupo y está utilizando la Europa League para unas rotaciones necesarias que deberían ser suministros suficientes para superar esta ronda. El capitán de la selección armenia verá el partido desde Dortmund y con frescura figurará en el once del domingo, del que volverá a ser pieza fundamental.

lunes, 12 de octubre de 2015

Un grupo definido para la historia

Marcel Koller se hizo cargo de las selección austriaca en 2011. Dos años después, en Solna cerraba la primera fase de su mandato quedándose a las puertas del Mundial de Brasil. El caprichoso destino que marca el fútbol quiso que el suizo recogiera los primeros frutos tangibles de su trabajo en el mismo municipio norteño de la provincia de Estocolmo. Austria disputará la Eurocopa de Francia en 2016 de la mano de un seleccionador que no hizo una transformación drástica de inmediato en la plantilla, más bien la ha renovado progresivamente hasta consolidar un bloque claro en el que confía plenamente. No es un grupo que haya surgido de pronto, pues varios jugadores ya estaban antes de su llegada, pero entre la sabia nueva, la madurez de otros y la preparación de Koller potenciando por encima de todo al colectivo a partir de las conexiones individuales han sido los ingredientes que han llevado a Austria a dominar un grupo que se podía esperar extremadamente igualado. Pero no se ha paseado en el día a día; su competitividad le ha acostumbrado a la victoria. Para presentar la naturaleza del conjunto, recorreremos cada una de sus líneas.

Once tipo de Austria en la fase de clasificación

Como una infraestructura estable se ha de iniciar por la base, partiremos  del arquero, el veterano Robert Almer. Fue Koller quien le hizo debutar con el combinado nacional por tarde que pueda sonar hacerlo a los 27 años. El guardameta, que nunca acumuló gran cantidad de partidos en sus equipos, es indiscutible y su vuelta al Austria Wien que capitanea le pone en la senda a salvaguardar la portería austriaca el próximo verano. Ha recibido 5 goles en las 10 jornadas, pero no se ha valido de sus 194 centímetros para atrapar balones aéreos con autoridad. Ha aguantado resultados cortos muy cerca de los palos, con estiradas y alguna demostración puntual de reflejos. No es una pieza que parezca crucial, pero no ha exhibido errores.

Desde aquí nos metemos de lleno en el sistema. La pareja de centrales ha permanecido casi inalterada. Dragović y Hinteregger han ofrecido garantías. El actual jugador del Dynamo Kyiv, afianzado en el once por el entrenador suizo desde sus 20 años, atrae por su juego más vistoso. Es el miembro de la defensa que más balón acapara en salida, puede llegar a sostenerlo durante los instantes en los que no divise líneas de pase y luego optar por un desplazamiento largo elevado o por uno raso de diferente longitud que corte líneas rivales, ya sea con dirección a los costados, a los mediocentros o estableciendo vía directa con el mediapunta. Por supuesto, también hay para el apartado defensivo. Vigila cualquier oportunidad de anticipar, va rápido a banda, ya sea a contener el ataque o a robar, se lanza a ras de suelo con convicción en plena carrera. Un central capaz de abarcar muchos metros, candidato a sonar muy fuerte durante el próximo mes de junio. Hinteregger es otro debutante durante la presencia de Koller. Más sigiloso que su compañero de ascendencia serbia, aguanta más la colocación pero tampoco duda en ganar metros para anticiparse al rival. Esto posibilita que defiendan durante bastante tiempo lejos de su portería, unido a la principal fortaleza: el dúo es muy poderoso contra envíos largos frontales. Se alzan con decisión para cabecear la pelota una y otra vez sin importar la oposición, por contundencia en la ejecución y rapidez para colocarse. En muchas noches ha sido una constante. Prödl, el tercero en discordia, también ha manifestado esta cualidad. Hay incertidumbre en dos aspectos del juego de la pareja de centrales. Una, que no han hecho frente suficiente durante la clasificación para sacar conclusiones, las rupturas cortas cerca de su área. La segunda, los centros laterales. Cuando el balón procede de la banda, no se ha evidenciado la seguridad que cuando lo hace de frente. Habrá que estar atento a esto. Si es que ocurre, porque sus compañeros pueden prevenirlo.

Dragović, uno de los nombres propios de la selección austriaca

Los laterales Klein y Fuchs, absolutamente fijos en la alineación, ceden pocos metros antes de que su par profundice, defienden con intensidad, y esto hace que no se aproximen a línea de fondo para poner el centro. Hay que añadir que es una tarea amparada por mediocentros y volantes. Esta actividad conduce a Klein muchas veces a tapar por dentro, lo que puede descuidar la zona exterior. Klein se ha apoderado de la posición en esta clasificación. El del Stuttgart, donde en ocasiones juega en el centro del campo, llega con más pausa arriba, una presencia más continua. El veterano y capitán Fuchs lo hace más en carrera, lanzado por su socio exterior, doblando y sirviendo centros en mayor medida que su homólogo en el extremo opuesto. Junto a los volantes son parte esencial de la idea de abrir el campo. Austria siempre tiene piezas fijas por fuera para hacer ancho el campo, y, si consiguen una altura considerable, mandarla a un jugador que la espere entre líneas -Alaba y Junuzović principal y preferiblemente- o armar la pierna para poner un centro.

Extendámonos ahora con estos atacantes, en principio exteriores. Hay que reconocer que ninguno es especialmente habilidoso. Pero Arnautović, que está gozando de continuidad en esta etapa como nunca, ha sido muy útil y su participación, persistente. La quiere al pie y cerca de la línea de cal y a partir de ahí se abre un abanico de opciones. Puede poner el foco del ataque en ese lado, pausando el ritmo, habilitando las incorporaciones de Fuchs o aprovechándose de un crack como Alaba. También puede decidirse por el desborde, conduciendo hacia dentro si está alejado de la línea de fondo para dibujar la diagonal. Incluso puede deshacerse del balón, no sin sentido, hacia un desmarque o cambiando al lado menos poblado. Esto le comunicaría sin intermediarios con la otra figura que nos ocupa en este párrafo, Martin Harnik, un experimentado en los compromisos internacionales. Aunque pueda recibir parado y pasar el balón hacia dentro en un ataque organizado, o en determinados momentos moverse por dentro sin balón -acción improbable en Arnautović-, ha expuesto dos formas primordiales de producción de peligro. En primer lugar, la relacionada con el pase de Arnautović: cargar el área, presentar argumentos de remate en el segundo palo, ya sea con la testa o con la bota. Arnautović también se planta en el área y encuentra situaciones de posible gol, pero ahí ha estado desacertadísimo en la finalización. El otro activo consiste en arrancar, erguido, desde la zona derecha enfilando la portería, luego varía el medio: una pared o simplemente por su cuenta. En el apartado defensivo ambos han contribuido de manera fiel al bloque y han acompañado a sus laterales cuando eran bienvenidos.

Nos trasladamos al eje central, zona definitoria del espíritu de esta selección austriaca. Estamos ante un conjunto que como guion inicial suele tener el de sacar el balón desde atrás y, a poder ser, en raso para favorecer a sus actores con una circulación de balón rápida. También es un equipo intenso, especialmente cuando la pierde, que con velocidad rastrea el esférico para recuperarlo y no dejar desplegarse al rival. También tiene fases de líneas más pasivas, pero sin falta de ímpetu en el duelo individual. Alaba y Baumgartlinger son dos mediocentros en el esquema que en realidad son interiores en esencia. Se turnan el rol de primer receptor, ambos llevan el dinamismo en su ADN y poseen físico para no escatimar en esfuerzos durante 90 minutos. Baumgartlinger no tiene la técnica depurada de Alaba, pero sí la suficiente para acompañarle. Su trabajo es inconmensurable, siempre concentrado, añadiendo robos a su estadística. Por raro que parezca por el corte de los dos centrocampistas, no se ha exhibido una contra en forma de espacio que lamentar a su espalda -también se debe recordar la rápida anticipación de los centrales-. Alaba es la estrella de esta selección, básicamente porque es uno de los mejores jugadores del mundo. Ni siquiera una figura de la élite de este deporte le falta a Austria. Es un futbolista completísimo que, además, traduce esas abundantes facultades en el impacto en cualquier parte del terreno de juego por haber cultivado experiencia en posiciones tan diferentes. Puede echarle una mano al central ocupando su parcela pese a que es uno de los máximos goleadores de la selección, ya que sorprende su habilidad para pisar zonas de peligro en ocasiones de gol. Puede romper líneas contrarias iniciando la jugada y conectar con el jugador que se mueve en zonas intermedias o surcar él mismo la divisorias haciendo gala de su conducción.

David Alaba es la estrella del equipo
Esa zona interior entre centrales y delantero la completa, un escalón por encima, Zlatko Junuzović. De su actividad depende en gran medida que podamos ver esa circulación ágil. A los mediocentros se acerca, les ayuda a sacarla, o directamente actúa como uno para que Alaba merodee por delante y explote en su versión más determinante, con Baumgartlinger por detrás como el más comedido. El nacido en Yugoslavia y el de padre nigeriano y madre filipina se enriquecen el uno al otro cuando forman una sociedad y tienen gran valor en el equipo por su precisión para dar el pase que preceda la culminación de los ataques vertiginosos. Aunque ofrece apoyos laterales, el juego más venenoso de Junuzović es el interior. Como añadido, Zlatko y David la ponen que asustan en los lanzamientos de falta directos.

La cima del sistema tal vez no se ajuste por su nivel a los resultados registrados por la selección, pero a Janko y Okotie se les saca provecho. El más titular ha sido Janko, que ejemplifica al máximo la esencia trabajadora y colectiva de la selección con su comportamiento sin balón. Su relación con los jugadores de segunda línea es reducida y tampoco tira desmarques. Pero su altura le convierte en un objetivo del juego aéreo, tanto en el área para sacar rédito al peso que tienen las bandas como para que en salida exista una variación con juego más directo. Es una referencia, del mismo corte que Ruben Okotie, que le llegó a discutir la titularidad. Una diferencia podría estribar en que el del 1860 München sea sensiblemente más rápido y ágil, pero lo claro es que no rompe con el plan inicial, es más una continuación con frescura desde el banquillo. 

Inevitablemente caemos en un último terreno en el que se atisban dudas. La confianza de Koller es total en este grupo tan definido, pero parece reducirse fuera de él. No hay contenido suficiente en la fase de clasificación como para saber hasta qué punto Hinterseer o Djuricin representarían en Francia un plan B de garantías para la punta del ataque. Sabitzer se postula a ocupar la línea de tres cuartos desde el banquillo o en cuanto haya una baja, y también lo era Valentino Lazaro, que se erigía como la principal joven promesa, pero las lesiones le están robando la regularidad en su club. En la medular Ilsanker dota de equilibrio al centro del campo cuando ingresa en las segundas partes, pero en el partido que se vieron obligados a compartir la sala de máquinas él y Leitgeb, un jugador dinámico, por ausencias de los titulares, naufragaron por momentos dejando mucho espacio a su espalda y no existieron en la salida de balón.

Marcel Koller, artífice del giro de la selección

También queda por descubrir cómo afrontarán nuevas situaciones, como resistir en campo propio el achuchón de una selección de primer nivel o tener que remontar, pues antes de sellar la clasificación nunca fue por detrás del marcador en los 8 partidos -ya sin jugarse nada le dio la vuelta al resultado en Podgorica contra una Montenegro peleando por la repesca-. Los datos refrendan el giro de esta selección. Koller cogió un equipo que había hecho 12 puntos en la fase de clasificación a la Eurocopa de 2012, con 16-17 en el global de goles y que sólo pudo ganar a Azerbaiyán y Kazajistán en los 10 partidos. Lo convirtió en 17 puntos y 20-10 en el marcador goleador para rozar la repesca a Brasil 2014. La confirmación ha llegado con 28 puntos, sólo un pinchazo en forma de empate en el primer partido, 22 goles a favor y 5 en contra, encadenando una racha de 6 partidos con la portería imbatida y permitiendo más de un gol únicamente el día que jugaba ya clasificada. Lo último que deberíamos hacer es esperar la perfección de una selección que no está en la élite del fútbol continental. Mientras las grandes selecciones viven las fechas FIFA entre dudas, la selección austriaca de Marcel Koller ha sido de las más convincentes en estos 13 meses, tiene claro a lo que juega como prácticamente nadie y en verano disfrutará de un acontecimiento histórico.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

No fue una noche para olvidar

Dieter Hecking sonaba seguro de que le pueden jugar de tú a tú al Bayern en la previa de la DFB-Pokal: ''En los enfrentamientos entre los seis primeros de la Bundesliga, el Bayern sería el último y nosotros los primeros. De los otros 24 partidos, el Bayern ganó 22. Los equipos pequeños deben perderle el miedo al Bayern''. Y les volvieron a ganar en ese primer duelo de la temporada. Después de que ayer un punta polaco que había sido suplente se empeñara en llevarle la contraria, Hecking tendrá la costosa labor de convencer a sus jugadores de que de ese partido se pueden sacar conclusiones positivas para el futuro. 

El técnico alemán dispuso un 4-4-2 sin balón. El 4-3-3 del Bayern dirigía el inicio del juego por la izquierda, donde se juntaban Alaba, Alonso, Bernat, Thiago y Götze. Calidad de para poseer el balón abundante. Vidal quedaba algo apartado y Douglas Costa en banda con la intención de hacer el cambio de orientación. Lo que ocurrió es que Ricardo Rodríguez le cedió pocos metros sin prestarse al desborde. Con una sola excepción, las conducciones de Douglas Costa se limitaron a ser horizontales, disipándose su carrera hacia línea de fondo y centro, y quedándole al desatascador más eficaz del Bayern en estas semanas asusta menos el disparo. En la zona interior, Müller, delantero, miraba a las líneas traseras en lugar de estirar a los centrales, quedando arrinconado sin apenas completar pases ni pisar el área. Neutralizando la posesión del Bayern, que no le imprimió un ritmo alto, destacó el eje central. Guilavogui, al lado de un mediocentro más posicional, supo medir cuando adelantarse para robar sin asumir excesivos riesgos. Para redondear la propuesta, Naldo y Dante anticipaban con un acierto impropio de los brasileños. Limitando la producción del Bayern de forma notable, quedaba la segunda parte, la fase ofensiva, que, con los laterales contenidos comparando con lo que solemos ver, quedaba en gran parte para los cuatro más adelantados.


Los de Guardiola, conocedores de que los problemas para progresar del Wolfsburg se multiplican en las dos primeras líneas, comenzaban su defensa lo más arriba posible. Los visitantes optaban tanto por el balón largo, dirigido en mayor medida a Bas Dost, como por atreverse en raso. Podían taparla, o podía llegarle el balón a los mediapuntas, que es lo peligroso. Caligiuri coincidía con una banda en la que Thiago y Götze no le proporcionan calidad defensiva a Bernat, y en una de las pocas veces que le ganó la espalda, llegó el gol. Por dentro, Max Kruse, inquieto, está preparado para intervenir en cualquiera de las dos fases ofensivas bajo cualquier circunstancia. Pero será Draxler lo que más esté encantado de rescatar su entrenador, probando que hay vida después de De Bruyne. Clavado en la izquierda, sabía por dónde moverse para pedirla libre, sacando partido a la ubicación adelantada de Vidal, tener camino para conducir después, alargar el ataque y atemorizar al Bayern. La primera parte acabó con 0-1 y dejando por el camino un disparo al palo con Neuer en el centro del campo.

El resto ya es historia. Cuando se forma un huracán, lo único que te queda es huir o intentar resistir. Descartada la primera opción, los jugadores del Wolfsburg fueron casitas de madera contra el Katrina.

martes, 22 de septiembre de 2015

Recuperados

El fútbol en sí mismo ya es suficientemente largoplacista como para tomar decisiones precipitadas. Las temporadas se cuentan por años y, tras finalizar, sólo unas semanas de espera te separan de una oportunidad para volver a empezar, resarcirte y construir un nuevo presente. Hasta tenemos un ejemplo reciente en el más grande. Hay altos y bajos en las carreras, y nada tiene por qué ser definitivo. ¿Qué determina que un jugador que ya demostró tener fútbol de sobra en sus pies para el primer nivel no puede recuperar esa consistencia en su juego? En la mayoría de casos hay lugar para la esperanza.

Tuchel lo tenía claro desde el primer día: ''Tenemos una plantilla fantástica. Lo que quiero es trabajar con todos los jugadores y formar mi propia impresión de sus cualidades y personalidad''. Se podía empezar desde cero. De los actuales fijos en su Borussia Dortmund, podríamos señalar a tres que se quedaron con estas palabras y las han puesto totalmente a su favor. Henrikh Mkhitaryan, Shinji Kagawa y Matthias Ginter. El fichaje más caro de la historia del club, el más ilusionante de 2014 y uno de 10 millones de euros con apenas 20 años recién llegado de alzar la Copa del Mundo. Se reunieron en un mismo vestuario un año atrás, y ninguno se salvó de una primera experiencia negativa.


El armenio encaraba su segundo curso, y no se puede decir que empezara con mal pie, pues lo cierto es que estaba jugando bien, pero cada partido de ocasiones desperdiciadas eran piedras que se apilaban sobre su espalda hasta hacerle caer irremediablemente en la dinámica general. Suscitó críticas, muchos recordaron su precio, surgieron rumores sobre una salida. No palpó las redes en Bundesliga hasta el 18º octavo compromiso, cuando sólo había dejado por el camino una asistencia, un gol en en la primera ronda de la DFB-Pokal y otro en la Supercopa. Se olía a marzo y la espiral en la que se había sumergido con el colectivo sería irreversible. Con el japonés desde el principio se adivirtió que se requería tiempo. En su periplo fallido por Manchester se le alejó de su zona de influencia, algo que Klopp no toleraba. Le dio acomodo en su sitio al risueño japonés que regresaba como el que quiere volver a casa, donde se siente querido, como ya hizo en su día Nuri Şahin. Pero la primera estación de recuperación no hizo más que alargarse, inmersa en un contexto que tampoco era propicio. No eran pocos los que se preguntaban si algún día recordaría sobre el verde aquel juego exquisito. Ginter sería el cuarto central, llegaba como campeón del Mundo sin haber salido de su Friburgo natal y se aseguraba que desembarcaba en el club del que era aficionado. Sus minutos, como era de esperar, fueron limitados. Por su déficit en la seguridad y el apreciable nerviosismo el chico se vio envuelto por una capa de críticas que, en el ambiente tambaleante, acabó por engullirle. Incluso se habló de que podría dejar el club, era el caso más crítico. Pero la directiva sería fiel a sí misma: ¿por qué se le iba a negar la confianza a un joven que daba sus primeros pasos en una experiencia totalmente nueva? Zorc y Watzke no son de poner a estos jugadores en crecimiento a jugársela a cara o cruz, les dan tiempo y unas circunstancias más favorables. Era de locos fulminar un proyecto a largo plazo.

Mkhitaryan se desquitó en cuanto guardó el bañador y la sombrilla. Desprendía de sus botas determinación a raudales. Parecía que Tuchel le tenía preparada una posición más centrada, pero no importó que para juntar a todos los buenos hubiera que adecuarlo a una posición de partida en banda. En la izquierda, el sitio que era de Reus, potencia y se ayuda de un Schmelzer desatado, le abre líneas de pase al omnipresente Weigl, tiene cerca a Kagawa y a Aubameyang a tiro de piedra. Todo debidamente acompañado por el juego de Tuchel que le permite conducir, permutar con los demás, verse con Reus y, en definitiva, con cualquiera mientras recorre la mitad que defiende el adversario, porque le entrega el dinamismo y la libertad en el ataque posicional, culminándolo todo con una finalización contundente. El resultado: 9 goles y 8 asistencias en 11 partidos. El resarcimiento de Kagawa se ha ido enfatizando cada semana. Como un híbrido de interior izquierdo y mediapunta, tiene contacto directo con la salida de balón, pero, por supuesto, flota por esa mediapunta donde se relaciona con cualquiera y le pone picante a la jugada. A destacar, el pase interior desde las inmediaciones de la frontal y el centro enroscado plantado en el vértice del área. Esta pareja, que reduce el efecto de la baja de Reus, exigen conceder el mínimo espacio entre líneas, como hizo el Hertha mejor que nadie hasta ahora durante 45 minutos y como no hizo el Bayer Leverkusen con su juego más agresivo desde la primera línea. Los dos castigaron eso y soltaron al lado débil, por donde sorprendía Ginter, en su día delantero centro, para cargar el área con más agresividad de la que se le vio en su año en el centro de la defensa. Central y en situaciones de urgencia mediocentro, su reconversión a lateral llegó principalmente por casualidad. El Dortmund había jugado una primera parte defensiva horrible en Noruega que pedía modificaciones. Tuchel optó por retirar a Gonzalo Castro, improvisado lateral derecho por las lesiones de Piszczek y Durm, y mantener a Ginter, quién sabe si protegiéndolo mentalmente evitando señalarlo, pero desplazándolo al lateral. El ensayo se ha visto respaldado por cada vídeo resumen de partido, pues no se ha perdido uno. Y es que si bien en el aspecto defensivo no ha sido una roca y habrá que observarle con regularidad, y con el matiz de que los errores que cometerá durante esta formación podrán subsanarse, lo que ya queda fuera de toda duda es su contribución ofensiva: 2 goles y 7 asistencias en 6 partidos y medio, mínimo un pase de gol por partido en Bundesliga, pues ya nadie lo ha movido de ahí. Son cifras que ningún lateral de la élite europea combate. Pero no se queda ahí. Tuchel exige que sus laterales sean elementos activos en su circulación, y él mantiene el ritmo tanto con pases horizontales como a la ruptura de un atacante, apoya y recibe en carrera, centra y dispara. El sistema le está protegiendo, él recompensa con descaro y acumula confianza en cada jugada.


Se debe apuntar que esta transformación positiva es de carácter colectivo y existen otras individualidades que no se han recogido en este texto. Lo de Schmelzer, sin duda protagonista en el inicio de la era Tuchel, y Gündoğan tiene una vinculación directa con dejar lesiones atrás. Hummels merecería una pieza aparte si extiende su estado de forma. Y puestos a no renunciar a nada, a Nuri Şahin se le esperará.